Kafe Botanika, precioso lugar para sobrevivir en Donosti si eres vegano

Kafe Botanika, precioso lugar para sobrevivir en Donosti si eres vegano

Holi. Voy a contar una historia un poco trágica cuya parte más feliz se desarrolla en Kafe Botanika.

 

No fueron pocos los seres que me advirtieron que me llevara frutos secos a Donosti en el bolso. No fueron pocos los que me advirtieron que ya estaban jodidos los vegetarianos en los bares de pintxos como para ir siendo vegano, que me iba a morir. No fueron pocas las personas amables por Instagram me dijeron sitios donde podías comer sentado de carta, pero en cuanto a pintxos nadie supo darme información certera. Yo que soy así, me arriesgué a ir para escribir un post sobre una ruta de pinchos veganos, ahora que lo he vivido, puedo confirmar, que en Donosti si eres vegano, estás bien jodido. Garantía de La pasta no engorda.

 

Ahora me río pensando en el post sobre ruta de pintxos veganos, solamente pude pedir en un bar un triste champiñón sobre un trozo de pan, llevaba pimiento picadito por encima, el pimiento me sienta mal. El otro único pintxo que encontré era una alcachofa en conserva, me flipan muchísimo las alcachofas, sobre todo si son frescas pero podría haberme comprado un bote, pedido un palillo y fingir que estaba en un par, demasiado poco elaborado.

 

Afortunadamente antes de estar durante un rato largo por la parte vieja buscando cosas, había ido a comer a un restaurante que me recomendaron pegado a la ría llamado Botanika Kafe, si pasas por la calle lo puedes confundir con una cafetería dentro de una floristería sin ningún tipo de remordimiento, tiene un jardín precioso lleno de flores y plantas que lo hacen súper acogedor, muy buen rollo se respira.

 

No había mesas disponibles fueras pero tienen una sala todavía más cuqui dentro del comedor, es una especie de terraza de princesa con techos altos, ventanas gigantes, más flores aún y sillas y mesas random. De decoración está genial, igual que la camarera que nos atendió, nos entraron ganas de irnos con ella de cañas de lo maja que era.

 

Bueno, como pretendíamos comer de pintxos, solamente pedimos dos platos para dejar un hueco por si acaso, ilusos. La verdad es que para ser dos cosas comimos genial, de hecho salimos un poco llenos. De primero comimos una ensalada con pasta de trigo sarraceno, edamame, tofu marinado muy total, rabanitos y alguna cosa más. Nada del otro mundo pero estaba muy rica, sobre todo el tofu, además siempre se agradece encontrar una pasta que no sea la típica de trigo.

botánica gourmet

De repente cuando menos te lo esperas, viene la camarera maja y te trae agua de panela sin venir a cuento, a mí me recuerda al reggaetón, no sé muy bien por qué, a pesar de eso me quedé sentado y no me subí a la mesa a bailar ni nada. El otro plato que pedimos tras dar las gracias por el vasito inesperado, era falafel de guisante con tzaziki, le dije que si podía cambiar la salsa por mojo picón de tomate seco con avellana, salsa perteneciente a otro plato y aceptó sin rechistar.

El falafel estaba que te mueres, nada que ver con el típico congelado que te ponen en los kebaps, era cremoso por dentro, poco especiado pero con un toque ácido que a mí me flipó. Lo colgué en stories y los aborígenes donostiarras se pusieron contentos y recibí varias felicitaciones por haberlo probado, al parecer causa furor y no me extraña.

Hasta aquí mi historia y recuerda que si bebes pero no hay pintxos para comer, te pones pedo antes.

Muak.

¿Te ha molado?


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