Vega, el restaurante más cuqui de Malasaña

Vega, el restaurante más cuqui de Malasaña

Holi, en mi infinita lista de sitios para comer, obviamente también está el  restaurante Vega. Sólo había ido una vez, después del orgullo del 2016, justo antes de volverme a Barcelona, que era el lugar donde vivía entonces. Volverme era lo último que te apetecía en ese momento y el Vega es el último lugar en el que estuve justo antes de perder el ave de vuelta porque me equivoqué de estación. Así soy.

 

Esta vez en lugar de comer con mi ex, perder el ave y joderme, he comido con la señora Coco a poco, de la cual jamás pienso aprenderme su nombre de memoria porque Coco me parece demasiado guay.

 

Sitio barato a la par que súper bonito, tanto la decoración como la presentación de los platos y los alicataos de los baños. Preciosas baldosas en tonos azules, ocres y amarillos que también se pueden ver en algunas de las mesas, además hay una lámpara hecha con carretes de hilos. El restaurante no tiene demasiadas mesas y no reservan si vas a pedir menú, por lo tanto quizá te toque esperar pero merecerá la pena. También quiero decir que su imagen corporativa me parece muy acertada, diseño discreto, sutil, reconocible y tranquilizador. Ole.

 

El menú completo vale 12 pavos o así e incluye dos platos, también se puede pedir medio que vale 8 pavos e incluye un plato. Lo mejor es ir a comer con alguien y así puedes probar los tres platos que ofrecen sin reventar ni quedarte escaso, como hicimos nosotros, aunque tengo amigas que dicen que con un plato allí se quedan bien, pero tiene que ser una decisión muy difícil elegir un sólo plato.

 

 

A nosotros el día que fuimos nos tocó una hamburguesa de quinoa, para mi desgracia llevaba pimientos por encima pero estaban en trozos grandes, todo un acierto porque así se quitan más fácil, teniendo en cuenta que no me gusta y además me sienta mal. La hamburguesa rica, curiosa textura para ser quinoa, pero la salsa que llevaba por encima… Joder menudo alioli de chimichurri del amor, muy bueno, tanto que estoy salivando de recordarlo. El plato lo ponen acompañado de zanahorias y patatas horneadas con especias discretas que además de acompañar bien a la hamburguesa, quedaban súper cuquis en el plato al igual que la rúcula por encima de la hamburguesa. Quiero recordar que se curran mucho la presentación de los platos, la digestión empieza por los ojos y es muy importante comer cosas bonitas.

 

 

Marchando el segundo, bulgur de arroz con verduras y queso ahumado vegano, que estaba bueno pero la verdad a mí no me supo demasiado a ahumado. A este plato no le presté demasiada atención, ya que estaba manteniendo una conversación muy interesante con Coco, excepto que me sorprendió gratamente que incluyera cilantro, siempre es una sorpresa agradable ya que me gusta mucho pero no suelo tenerlo fresco en casa, a mí se me conquista con cosas sencillas. Y azules, grises y blancas.

 

 

El tercero unas lentejas, receta marroquí con arroz basmati con una salsa blanca de sabor indescifrable ¿agria? ¿ácida? ¿umami? quien sabe, el caso es que no parecía vegano y estuvimos un rato preguntándolos cómo se haría eso, luego se nos olvidó y no le preguntamos al camarero. Muy rico, yo soy amante de las lentejas y estaban genial, hay sitios y personas que no entienden que si las lentejas están poco cocidas, además de duras, ni están ricas ni se digieren bien, no es el caso del restaurante Vega. Muy ricas, me gusta la mezcla de texturas con el arroz basmati, contraste muy bien compensado.

 

No hice fotos a los postres, eso es señal de que ya estaba bastante lleno. Yo en mi casa nunca como postre y creo que es un invento de los restaurantes para cobrarte 6 euros por un trozo de tarta que encima te vas a dejar a medias porque ya estás lleno, pero bueno, si viene con el menú, pues se pide y se prueba. Tomamos lassie de fresa, y no es una perra, es un batido. El otro, un bizcocho de algarroba que para lo poco que me gusta este producto estaba bastante aceptable, llevaba una salsita de naranja que olía a gloria, total, mucho más intenso de su propio sabor, me quedé un rato oliendo el bizcocho mojado en salsa y cuando me cansé de olerlo, me lo comí, estaba jugosito y rico.

 

Ya estás yendo!

¿Te ha molado?


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